A partir de hoy, Luis Armando Reynoso Femat y 600 empleados de su administración percibirán casi la mitad del sueldo que devengaban hasta agosto. Por muy significativo que sea este ramalazo del 49% a sus ingresos, está lejos de ser una autoflagelación institucional con la que el gobernador pretendería desagraviar a los aguascalentenses por el bono que él mismo se había asignado “por riesgos de trabajo” y que finalmente salió a la luz con su obscena cifra de más de un cuarto de millón de pesos. Mensual. En una codicia así no puede caber la culpa ni mucho menos el arrepentimiento.
Desde luego, tampoco estamos en presencia de un gesto solidario con los 80 mil desempleados que hay ya en el estado y menos aún con las miles de familias desamparadas que han dejado de recibir sus dolaritos a causa de la recesión en Estados Unidos. En tal medida de austeridad no hay, de cierto, la menor sensibilidad política. Puras sumas y restas: el gobierno federal ha visto reducidos sus ingresos por concepto de petróleo, turismo, remesas e impuestos y, por lo tanto, ha debido asignarles menos recursos a los estados. Así de sencillo. Simples matemáticas. Nada más.
Por lo mismo, el priísta Gabriel Arellano ordenó poner a dieta a su gobierno, empezando con un recorte de 40 millones de pesos a su abultada nómina municipal, pero, eso sí, sin tocar su sueldo de 110 mil pesos mensuales porque, dijo, donaría la mitad del mismo aunque sin aclarar a quien (¿a su mujer quizá?). Por su parte, los diputados locales, igualmente compelidos por la crisis del gobierno federal, anunciaron un plan de austeridad para ahorrar más de un millón de pesos mensuales, por lo que cada legislador no tendrá más chofer y contará con menos asesores, viáticos y vales de gasolina. Es decir, ahora sí deberán sacrificarse por la patria nuestros diputados al tener que conducir sus propios automóviles.
Así como sólo en los momentos de mayor apremio es posible saber de qué está hecha cada persona, la crisis en curso ha servido al menos para dejar al descubierto la naturaleza chambona de nuestros gobernantes. En lugar de contar con administradores públicos acordes con sus pomposos títulos universitarios, creativos en la generación de recursos financieros y fiscales, eficientes en el cobro, ahorro y gasto de los mismos, nos venimos a enterar ahora, no sin cierto estupor, de que estamos en manos de una suerte de cocineras que preparan sólo lo que “el patrón” les pone en la alacena.
¿Qué no? Ahí está por ejemplo el mismísimo gobernador, quien sólo cuando México le quitó la cuchara grande aceptó poner en la mesa de sus gobernados los recursos que hasta entonces venía atracándose él solito en su cocina palaciega: "con estas medidas (la reducción salarial de su administración) todo lo recaudado será invertido en obra publica y programas de desarrollo social", comprendió por fin, cinco años después, la razón de ser de un gobierno.
Y ni qué decir de nuestros legisladores, quienes sólo cuando el patrón les dejó puras habas se dieron cuenta del siglo en que viven: "como medida de austeridad se ha dejado de utilizar papel y ahora utilizamos la tecnología para recibir toda clase de información vía internet móvil", declaró el priísta Enrique Rangel Jiménez sin que ninguno de sus costosos asesores le hubiera hecho saber que las redes de cómputo, el internet y, en general, la comunicación digital, existen en este mundo ¡desde hace más de 15 años!
Una vez exhibida la impericia y el desparpajo con que se gobierna en México, no debe extrañarnos que un humilde vendedor ambulante se declare más que listo para gobernar Iztapalapa. No se amedrenta ni siquiera al ver el tigre que se ha sacado en la rifa: la delegación más poblada y pobre de la capital. Y es que lo único que tendrá que hacer Rafael Acosta Juanito en su calidad de delegado es gastar a diestra y siniestra los casi cuatro mil millones de pesos que su patrón le pondrá en la alacena. Así mismo como lo hacen los licenciados e ingenieros que hoy nos gobiernan.
martes, 1 de septiembre de 2009
Así hasta Juanito
A partir de hoy, Luis Armando Reynoso Femat y 600 empleados de su administración percibirán casi la mitad del sueldo que devengaban hasta agosto. Por muy significativo que sea este ramalazo del 49% a sus ingresos, está lejos de ser una autoflagelación institucional con la que el gobernador pretendería desagraviar a los aguascalentenses por el bono que él mismo se había asignado “por riesgos de trabajo” y que finalmente salió a la luz con su obscena cifra de más de un cuarto de millón de pesos. Mensual. En una codicia así no puede caber la culpa ni mucho menos el arrepentimiento.
Desde luego, tampoco estamos en presencia de un gesto solidario con los 80 mil desempleados que hay ya en el estado y menos aún con las miles de familias desamparadas que han dejado de recibir sus dolaritos a causa de la recesión en Estados Unidos. En tal medida de austeridad no hay, de cierto, la menor sensibilidad política. Puras sumas y restas: el gobierno federal ha visto reducidos sus ingresos por concepto de petróleo, turismo, remesas e impuestos y, por lo tanto, ha debido asignarles menos recursos a los estados. Así de sencillo. Simples matemáticas. Nada más.
Por lo mismo, el priísta Gabriel Arellano ordenó poner a dieta a su gobierno, empezando con un recorte de 40 millones de pesos a su abultada nómina municipal, pero, eso sí, sin tocar su sueldo de 110 mil pesos mensuales porque, dijo, donaría la mitad del mismo aunque sin aclarar a quien (¿a su mujer quizá?). Por su parte, los diputados locales, igualmente compelidos por la crisis del gobierno federal, anunciaron un plan de austeridad para ahorrar más de un millón de pesos mensuales, por lo que cada legislador no tendrá más chofer y contará con menos asesores, viáticos y vales de gasolina. Es decir, ahora sí deberán sacrificarse por la patria nuestros diputados al tener que conducir sus propios automóviles.
Así como sólo en los momentos de mayor apremio es posible saber de qué está hecha cada persona, la crisis en curso ha servido al menos para dejar al descubierto la naturaleza chambona de nuestros gobernantes. En lugar de contar con administradores públicos acordes con sus pomposos títulos universitarios, creativos en la generación de recursos financieros y fiscales, eficientes en el cobro, ahorro y gasto de los mismos, nos venimos a enterar ahora, no sin cierto estupor, de que estamos en manos de una suerte de cocineras que preparan sólo lo que “el patrón” les pone en la alacena.
¿Qué no? Ahí está por ejemplo el mismísimo gobernador, quien sólo cuando México le quitó la cuchara grande aceptó poner en la mesa de sus gobernados los recursos que hasta entonces venía atracándose él solito en su cocina palaciega: "con estas medidas (la reducción salarial de su administración) todo lo recaudado será invertido en obra publica y programas de desarrollo social", comprendió por fin, cinco años después, la razón de ser de un gobierno.
Y ni qué decir de nuestros legisladores, quienes sólo cuando el patrón les dejó puras habas se dieron cuenta del siglo en que viven: "como medida de austeridad se ha dejado de utilizar papel y ahora utilizamos la tecnología para recibir toda clase de información vía internet móvil", declaró el priísta Enrique Rangel Jiménez sin que ninguno de sus costosos asesores le hubiera hecho saber que las redes de cómputo, el internet y, en general, la comunicación digital, existen en este mundo ¡desde hace más de 15 años!
Una vez exhibida la impericia y el desparpajo con que se gobierna en México, no debe extrañarnos que un humilde vendedor ambulante se declare más que listo para gobernar Iztapalapa. No se amedrenta ni siquiera al ver el tigre que se ha sacado en la rifa: la delegación más poblada y pobre de la capital. Y es que lo único que tendrá que hacer Rafael Acosta Juanito en su calidad de delegado es gastar a diestra y siniestra los casi cuatro mil millones de pesos que su patrón le pondrá en la alacena. Así mismo como lo hacen los licenciados e ingenieros que hoy nos gobiernan.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada