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martes, 20 de octubre de 2009

Una tersa alfombra azul para el retorno triunfal del tricolor


Tras el tiro de gracia decretado contra la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, muchas y muy diversas voces se han apresurado a calificar como “valiente” esta decisión, mientras que otros tantos despistados ya se alistan a postular a Felipe Calderón como un auténtico reformador. Es tanto como honrar a quien, por su inmovilidad e impericia, se ha quedado en la pobreza y no tiene más remedio que matar a zapatazos al ratón que le disputa el último mendrugo en su alacena. ¡Valiente valentía!

Para demostrar la inmovilidad y la impericia del Partido Acción Nacional al frente del Gobierno federal, sería suficiente traer a cuento un solo dato, casi anecdótico, pero de suyo revelador en este sentido: durante sus muchos y muy encomiables años como oposición, el PAN no cejó en exigir que el PRI dejara de usar los colores de la bandera nacional en su imagen partidista. “Es una táctica mañosa y desleal con la que el partido oficial confunde al electorado y lleva votos a su molino”, denunciaban los panistas en cualquier tribuna que tuvieran a su alcance. Pero en cuanto sacaron al PRI de Los Pinos, se olvidaron de este asunto y prefirieron llevar la fiesta en paz. Todo en el marchantesco afán de intentar sacar adelante sus trámites legislativos. El presupuesto anual, por ejemplo.

Más grave aún, pero a resultas de la misma visión mercachifle, el PAN-Gobierno no se atrevió a tocar la red corporativista que el priato instituyó al interior de las entidades gubernamentales y paraestatales federales, ni tampoco osó desmantelar las relaciones corruptas que éstas sostienen con sus sindicatos y proveedores. En lugar de ello —la auténtica reforma que hubiera sacado al PRI de Los Pinos y habría instalado a México en una verdadera democracia—, el partido fundado por Manuel Gómez Morín elevó a condición de intocables a esas estructuras priístas, teniendo sólo en mente, otra vez, los liliputienses trámites legislativos.

En el colmo de esta actitud inmediatista y acomodaticia, el PAN-Gobierno aprovechó el Parque Jurásico heredado por el PRI para renovar su contrato de arrendamiento en Los Pinos. Así fue en 2006, cuando se sirvió de los rencores de la esperpéntica lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Godzilla, para consumar la victoria electoral de Felipe Calderón por la vía de la coerción y la intimidación en contra de sus asustadizos y analfabetos agremiados. Así mismo, como solía hacerlo el PRI en sus años de gloria.

Teniendo por lema cambiar todo para que todo siga igual, el PAN-Gobierno habría desocupado Los Pinos en 2012 sin haber hecho una sola ola, nadando de muertito, como lo venía haciendo desde el 1 de diciembre de 2000. Pero para desgracia de su tibieza conservadora, en 2008 irrumpió el catarrito que se convirtió en pulmonía, justo por su inmovilidad e impericia. No habiendo podido sacar para entonces ni siquiera la reforma fiscal que le permitiera obtener recursos de una fuente menos volátil que Pemex, llegó finalmente la pobreza a las arcas de don Agustín Carstens. Entonces, apareció la rata solitaria del Sindicato Mexicano de Electricistas en su alacena y lo demás es un simple zapatazo. Por hambre.

Para no perder la costumbre, este golpe constituye en realidad, por rebote, un regalo a favor del PRI, pues el Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana, el SUTERM, es una de las organizaciones más cetemistas y mesozoicas que hay en el país y, atención, la rémora sindical que desangra a su vez, en lo oscurito, a la hoy ensalzada Comisión Federal de Electricidad. Sólo por concepto de transferencias del Gobierno federal, la CFE recibe cada año alrededor de 100 mil millones de pesos, mientras que sus 64 mil trabajadores son beneficiarios de un contrato colectivo que no envidiaría ninguno de los 42 mil agremiados del SME.

Lo más lamentable es que, ni aun habiéndose puesto de rodillas antes sus archienemigos, los gobiernos panistas lograron impulsar y aplicar una sola de las muchas reformas que durante décadas le prometieron a este país. Vaya, ni siquiera pudieron aplicar su indigente impuesto del 2%. Pero con su abyección y cobardía sí tendieron, en cambio, una tersa alfombra azul para el retorno triunfal del PRI, el que ya vuelve por sus fueros con todo y sus colores intactos.

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