Con el orgullo propio de un párvulo, Felipe Calderón Hinojosa corrió a recibir la estrellita que, en reconocimiento al combate contra el crimen organizado, se decidió ponerle en la frente. Tal distinción no se le concedió, sin embargo, en Ciudad Juárez, Reynosa, Tijuana, Culiacán, y ni siquiera en alguno de los municipios michoacanos que desde su ascensión a la Presidencia ha convertido en auténticos campos de batalla, sino allá donde su guerra antinarco, como los toros, se ve mejor: Estados Unidos, el mayor consumidor de drogas del mundo, ya se sabe, pero también el país que no hace nada de nada —al menos no internamente— para impedir que su santa paz social se vea afectada por un asunto tan menor como el consumo de drogas. Y es que los gringos serán marihuanos, pero no tarugos.
¿Convertir las arboladas calles norteamericanas en remedos de los invadidos y derruidos barrios de Bagdad o Kabul o Ciudad Juárez? ¿Afectar la vida comunitaria en su conjunto por culpa de un puñado de adictos? ¿Denigrar mundialmente el American Way of Life en aras de un castigo ejemplar contra las adicciones (¿aficiones?), más aún cuando éstas son de índole personal? ¿Ahuyentar, así, al turismo y a la inversión, nacional e internacional, en las zonas más conflictivas o de alto consumo? Peor aún: ¿exponer a la Guardia Nacional o al Ejército al contagio del poderío multimillonario, virulento, de los cárteles del narcotráfico? Come on, be serious!, diría Barack Obama.
No así el ingenuo Eliot Ness mexicano (Barack Obama dixit) que decidió legitimarse en la Presidencia combatiendo justamente esa bagatela, tan útil para la retórica electoral pero tan absurda en el mundo real. Y es que, a diferencia de este trasnochado héroe mexicano, Obama al parecer sí vio el desenlace de Los Intocables, la serie televisiva sobre la Prohibition (Ley Seca) que en español sublimó para la eternidad la crónica de quien a la postre sería uno de los mayores escritores latinoamericanos: Álvaro Mutis.
Como se recordará, tanto en la serie como en la vida real, el obcecado Eliot Ness combate sin tregua a los traficantes de alcohol clandestino. A pesar de su feroz persecución, no logra eliminarlos ni cuando en 1931 arresta finalmente a Al Capone, que vendría a ser algo así como el Chapo Guzmán del alcohol que se traficaba ilegalmente en Estados Unidos en esa época. La guerra sólo termina cuando la inteligencia se impone a la estupidez, y el presidente Franklin Roosevelt autoriza de nuevo la producción y la venta de alcohol en la primavera de 1933. Desde entonces, todo Estados Unidos brinda a la salud de los muertos que Eliot Ness enterró inútilmente en aras de su salud.
Tan saben nuestros vecinos norteños que la guerra contra el narcotráfico es una guerra perdida igualmente, que en California ya hay más establecimientos legales para la venta de marihuana que escuelas públicas, según nos ilustra el canciller foxista, Jorge G. Castañeda, en El narco: la guerra fallida, el libro sobre la guerra contra el crimen organizado que escribió al alimón con Rubén Aguilar.
En el mismo sentido, bien puede traerse a cuento el dato revelador de que uno de los principales accesos de narcóticos a la Unión Americana, Calexico, California, “se encuentra olvidado y rezagado tecnológicamente para realizar labores de vigilancia, situación que aprovecha el crimen organizado para pasar drogas entre la mercancía legal que cruza por este lugar”, según reportó El Universal en una estupenda serie de reportajes sobre el desdén de las autoridades estadounidenses a propósito del ingreso de estupefacientes provenientes de México.
Y es que, insisto, los gringos serán marihuanos pero también hipócritas: todo antes que enfrascarse en una guerra perdida de antemano.
Lo saben-niegan con la misma doble moral que promueven la democracia allí mismo donde la han exterminado a punta de invasiones y golpes de Estado.
Pero, al parecer, no lo sabe el flamante Líder del Año, Felipe Calderón Hinojosa, quien, con todo y su estrellita, ignora igualmente que el consumo de drogas —como de alcohol, tabaco, pornografía, prozac, viagra o salmos— es un asunto de estricta decisión personal y, por lo tanto, poco o nada puede hacer el Estado para eliminarlo, mas no así para impedir las graves consecuencias que acarrea el despropósito de su combate.
Mientras tanto, el heroísmo de nuestro Eliot Necio ya suma 14 mil muertos y miles de millones de dólares fugados por terror. Salud.

Me parece genial lo que puso marco de comentario en la nota de MO y por eso lo coloco de nuevo, creo que un granito de arena que no nos quita nada y si nos da mucho aquí les va:
ResponderSuprimir"Les preopongo que dejemos de lado la política y lLos invito y les pido que inviten a sus amigos de Aguascalientes como lo hago yo por una buena causa y en apoyo a los niños que menos tienen a través de la Fundación Mamá Cuca, donemos todos al menos un juguete, un balón, un peluche, una muñeca, un abrigo, una camistea, lo que tengas o puedas, ayudemos a la Fundación para que nuestros niños dibujen una sonrisa en su carita, llevemos nuestro regalo a partir del martes 3 de noviembre el centro de acopio estará en Granaditas 101-B, Barrio de la Estación, en la ciudad de Aguascalientes, teléfono 449-917-9128. No eches en saco roto apoyar y dar un poco de felicidad a los niños de Aguascalientes que menos tienen"