México:
¿Te
acuerdas? Enero de 1811:
la Suprema Junta de Guerra Insurgente defenestra al
mismo cura que con el grito de «¡A coger gachupines!» inició tu alumbramiento
como patria —muy ad hoc en Dolores—. Sin
repelar, el generalísimo entrega entonces el mando a Ignacio Allende en la
hacienda de Pabellón (hoy Rincón de Romos, Aguascalientes), honrando así su
apellido.
Y,
¿cómo habría podido defenderse don Miguel, caray, si su ejército de cien mil efectivos
fue incapaz de derrotar en batalla campal a un enemigo integrado apenas por seis
mil hombres? O sea: una ventaja de diecisiete a uno, toda la cual se fue —a
causa de su impericia militar, cierto— por el inmundo caño que desaguaba debajo
del puente de Calderón, lugar de aquel decisivo enfrentamiento.
Septiembre de 2011
—no es necesario refrescar tu memoria, ¿verdad?, la sangre no es fresca pero
qué tal pegajosa—: suman más de un millón y medio las tropas oficiales que combaten
al crimen organizado. Aun minúsculo y clandestino, éste le da el quién vive (y algo más abajo) a nuestras
heroicas y montoneras fuerzas armadas.
Otra coincidencia:
en esta batalla, vuelve el nombre de Calderón, apellido ahora del comandante en
jefe que a causa de su impericia militar —peor, imposible— ha causado ya cuarenta
mil mexicanos muertos y ninguna batalla ganada.
La diferencia:
este inepto jefe militar no ha renunciado. Ni renunciará. Pues, como dijo Héctor Aguilar Camín en Morir en el Golfo: «Lo importante es seguir pegado a la rueda,
mantenerse aferrado a la rueda. ¡No soltarse, carajo, no soltarse!».
Como ves, mi México lindo y
querido, en doscientos años sólo pasamos de la hidalguía al usufructo del poder
público —el agandalle—. Por lo mismo, en lugar de feliz cumpleaños, sólo me
atrevo a desearte buena suerte. La vas a necesitar. :(
*Publicado el 11 de septiembre de 2011 en La Gualdra,
sumplemento cultural de La Jornada Zacatecas.
