Buscar este blog

Cargando...

domingo, 18 de septiembre de 2011

Calderón: el eterno retorno de nuestra derrota*




México:

¿Te acuerdas? Enero de 1811: la Suprema Junta de Guerra Insurgente defenestra al mismo cura que con el grito de «¡A coger gachupines!» inició tu alumbramiento como patria —muy ad hoc en Dolores—. Sin repelar, el generalísimo entrega entonces el mando a Ignacio Allende en la hacienda de Pabellón (hoy Rincón de Romos, Aguascalientes), honrando así su apellido.
Y, ¿cómo habría podido defenderse don Miguel, caray, si su ejército de cien mil efectivos fue incapaz de derrotar en batalla campal a un enemigo integrado apenas por seis mil hombres? O sea: una ventaja de diecisiete a uno, toda la cual se fue —a causa de su impericia militar, cierto— por el inmundo caño que desaguaba debajo del puente de Calderón, lugar de aquel decisivo enfrentamiento.
Septiembre de 2011 —no es necesario refrescar tu memoria, ¿verdad?, la sangre no es fresca pero qué tal pegajosa—: suman más de un millón y medio las tropas oficiales que combaten al crimen organizado. Aun minúsculo y clandestino, éste le da el quién vive (y algo más abajo) a nuestras heroicas y montoneras fuerzas armadas.
Otra coincidencia: en esta batalla, vuelve el nombre de Calderón, apellido ahora del comandante en jefe que a causa de su impericia militar —peor, imposible— ha causado ya cuarenta mil mexicanos muertos y ninguna batalla ganada.
La diferencia: este inepto jefe militar no ha renunciado. Ni renunciará. Pues, como dijo Héctor Aguilar Camín en Morir en el Golfo: «Lo importante es seguir pegado a la rueda, mantenerse aferrado a la rueda. ¡No soltarse, carajo, no soltarse!».  
Como ves, mi México lindo y querido, en doscientos años sólo pasamos de la hidalguía al usufructo del poder público —el agandalle—. Por lo mismo, en lugar de feliz cumpleaños, sólo me atrevo a desearte buena suerte. La vas a necesitar. :(

*Publicado el 11 de septiembre de 2011 en La Gualdra, sumplemento cultural de La Jornada Zacatecas.